Comparsas Artísticas

artisticasEste rubro se destaca por por la convocatoria de público, brillo y esplendor, generando un fuerte compromiso de sus referentes. Cuentan con porta-banderas, bahianas y escuadras de bailarines que danzan al compás de diferentes alegorías. Artesanalmente, sus trajes son un atractivo para el público, lo mismo que sus jóvenes mujeres que lucen espléndidas su belleza. El colorido en este rubro también lo aportan las plumas y las lentejuelas de los atuendos que visten sus protagonistas.
Las danzas que interpretan, en su mayoría con ritmos latinoamericanos, son sugerentes e invitan al público a bailar y liberar su alegría sin ningún tipo de prejuicios. Los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que forman parte del público se fusionan a las comparsas y adhieren a todos los ritmos y coreografías que ellas interpretan.
Como su nombre lo indica, las comparsas artísticas preservan todos los detalles de un espectáculo colorido, con mujeres esbeltas y hombres con cuerpos esculturales, adornados con mucho brillo, plumas y una música pegadiza que propicia la participación activa del público.

Comparsas Indígenas

indigenasLas comparsas de este rubro representan a los pueblos originarios de América Latina. Al igual que las del rubro Folclóricas y Artísticas, cada una de las Indígenas -cinco en total- están conformadas por alrededor de 150 personas. Desde Barro Negro y La Mendieta, por ejemplo, llegan todos los años Los Cumbranos, con cerca de 50 años de trayectoria en los carnavales de San Pedro. Otra de las protagonistas centrales en cada noche de corsos es la comparsa de Los Aimaras, Los Cobrizos, Montarazes y Tobas que llevan obtenidos varios premios principales.
En este rubro, todas las formaciones muestran como punto fuerte su vestimenta. Los trajes que lucen son vistosos y desde hace algunas ediciones fueron incorporando nuevos ritmos musicales y espectáculos artísticos, sumando el personaje del lanza-llamas, los gorros gigantes que miden más de tres metros y pesan cerca de 50 kilos.
La mujer y el niño indígena tienen un gran protagonismo, sus distintas coreografías son atrapantes y llamativas, mientras que sus atuendos brillan por la originalidad de sus colores y las plumas que exhiben. También se utilizan espejos y mascarones ingeniosos.

Comparsas Folclóricas (Sayas)

sayaTienen un carácter ancestral, histórico, cultural y artístico, enraizadas en la cultura afro-boliviana, que en la época de la colonia era principalmente de resistencia al sistema esclavista.
Se basa en la recuperación de su identidad cultural, en un elemento etnopolítico de lucha, herramienta para combatir el racismo, la discriminación y la xenofobia. Legado convertido en medio de comunicación.
Las comparsas de este rubro comenzaron a intervenir en los corsos en 1992. Dedicaron gran parte de su puesta en escena a la saya y a las danzas rítmicas que se manifiestan en el alto Perú. Las mujeres utilizan polleras cortas, maquillajes y bijouterie artesanal creada por ellas mismas. La ropa y los zapatos se combinan en colores y son uniformes.
Presentan por lo general un baile con estilo circense, donde los hombres hacen acrobacias y malabares con sus cuerpos, marcando el ritmo al son de los cascabeles que llevan sus botas. Además, este rubro se caracteriza por la presentación de diferentes coreografías que se despliegan a lo largo de las nueve cuadras del corsódromo.
Estas comparsas manifiestan su sentir religioso venerando a la Virgen del Socavón, Patrona de los mineros.

Comparsas Folclóricas Autóctonas

folcloricaEn este rubro están representadas las comparsas que tienen identidad Kolla. Sus participantes bailan haynos, taquirarís y todos aquellos ritmos musicales característicos de Jujuy. Las mujeres son las comadres, las dueñas del carnaval y las que marcan, con su tradicional encuentro de los jueves, el comienzo de esta gran fiesta popular. Sus atuendos están bien definidos. Las mujeres usan polleras norteñas y ojotas, mientras que los hombres utilizan pantalón de barracán y sombrero de lana.
Los instrumentos musicales que ejecutan son autóctonos. La banda de músicos emplea quenas, zamponias, bombos, erkes y guitarras, acompañando la coreografía manera alegre y efusiva camavalitos, cuecas y toda la música propia de los kollas.
Muestran raigambre norteña, tan características por los diablos que acompañan los desentierros y rinden tributo a la tierra frente a una apacheta.

Tinkus

tinkusEl Tinku es un ritual andino y una danza folclórica del departamento de Potosí, Bolivia. El significado de la palabra Tinku en quechua es “encuentro” y en aymará significa “ataque físico”. Las formaciones de Tinkus aparecieron en el Carnaval de las Yungas en 2005.
Representan una danza de agradecimiento a la tierra por la cosecha alcanzada. Es un baile tradicional y originario característico del Altiplano. Su fisonomía se asemeja a una guerra, algo propio en comunidades originarias donde la lucha se centraba en la tenencia del territorio y de las mujeres. Representa la lucha a través de una danza con fuerte contenido y mucho ritmo. Se identifican con la bandera de Wipala, símbolo de los pueblos originarios de la cultura andina.
La vestimenta se caracteriza por los colores fuertes, el uso abundante de plumas y la renovación anual de todo su vestuario.

Pin-Pin

Esta celebración coincide con la del carnaval de origen europeo, y se desarrolla cuarenta días antes de la conmemoración de las Pascuas. Pese a ello, el Arete conserva su esencia.

El ritual comienza con la preparación de una gran cantidad de chicha de maíz, bebida que se prepara con harina de maíz y azúcar.

También se acondicionan para esta oportunidad los instrumentos de percusión, entre los que se encuentra el Pim Pim (caja de cuero de iguana, vaca o zorro, o de nylon muy grueso) denominado así por el sonido agudo que emite, por el cual se conoce a esta Fiesta con el nombre de Pim Pim; junto con los de viento como el temimbi, especie de flauta pequeña realizada con madera.

Toda la comunidad Ava Guaraní se preparan para esta ocasión. Los varones fabrican las máscaras o Aña aña que utilizarán en la representación, originariamente con madera de yuchán o palo borracho, incorporando hoy otros materiales como telas, cartones, cueros y plásticos.

Los que no llevan mascaritas se visten con pantalones negros, camisas blancas, faja roja, pañuelo en el cuello y en la cabeza, sombrero negro con cinta roja y se calzan alpargatas.

Las mujeres se confeccionan y lucen nuevos y vistosos mandu o tipoy, que adornan con cintas de colores o puntillas en la parte inferior.

En otras épocas, las mujeres solían buscar semillas de uruku para pintar de rojo sus mejillas y elaborar sus collares con semillas de la zona.

Con el tiempo, estos elementos han sido reemplazados por productos de cosmética para el rostro y por mostacillas o canutillos en la confección de los collares. Las mujeres también adornan sus cabezas con vinchas de colores realizadas con tela y con una gran flor en el centro.

Participa además, la bandera Ava Guaraní, una bandera de tres franjas: una verde representando la selva, lugar de donde provienen los Ava Guaraní,; una roja, representando la sangre derramada en la guerra con los colonizadores; y una marrón, que representa la tierra que aun luchan para conservar.

Para dar inicio a la celebración del Pim Pim, el Mburuvicha o cacique de la comunidad invita a todos los integrantes a participar de la Fiesta Grande, a realizar el desentierro del carnaval.

Los mascaritas acercan la cruz (muestra del sincretismo religioso) hecha de ramas o madera, que adornan los hombres con la flor del carnaval (taperiwa). Las mujeres llegan bailando.

Se cava un pozo en la tierra y luego de las palabras del cacique que preside la ceremonia, y de los caciques invitados, se da a beber a la tierra en agradecimiento por las cosechas y se le pide permiso para comenzar el Arete Guazú. Intervienen en el ritual otros elementos como las hojas de coca, gaseosas, inciensos, cigarrillos, vino, etc.

Luego se escucha el sonido de los instrumentos dando inicio a la Fiesta Grande. Al son de este ritmo, los participantes se toman de la mano y danzan en una gran ronda alrededor de la cruz. Se forman parejas, que se integran a la gran celebración.

De los caseríos cercanos o de los lugares donde existe mayor vegetación, se escucha el grito de los enmascarados, que en grupos y formando filas, se acercan al resto de los danzarines para participar de esta Fiesta. Son los mascaritas, varones que portan mascaras con figuras de animales, personas o seres míticos, con todo el cuerpo cubierto por ropas que completan esta transformación.

Las mascaritas no pueden integrarse con el resto de la comunidad durante toda la celebración del Gran Arete porque representan los espíritus de los antepasados. En este tiempo se reencuentran con sus seres queridos para celebrar todos juntos, pero danzan solos, de a dos o en grupos alrededor del resto de las personas.

Cada mascarita representa la característica particular del ser querido que ya no esta. Para los guaraníes, los muertos no desaparecen sino que esperan reunirse cada año con sus hermanos y parientes vivos en este contexto sagrado. Las mascaritas encarnan a los espíritus que vienen del más allá y en los cuales cohabitan y coexisten.

Las mascaras carecen de valor autónomo, ya que cobran su propio sentido y valor en el contexto sagrado del rito religioso.

Se presentan los juegos del cuchi (denominación del cerdo o jabalí), en el cual una persona se cubre el cuerpo con barro e intenta ensuciar al resto de las personas que se encuentran presentes animándolos a que se integren a la fiesta.

Sin embargo, la representación más importante es la del Toro y el Yagua o yaguareté. Este ultimo es representado por un joven con el torso desnudo y pintado con manchas imitando las del felino, descalzo y portando una máscara de jaguar y garras realizadas con madera o cartón.
El toro (representación del colonizador español) lucha con las mascaritas (seres ancestrales) a quienes logra vencer. Entonces, aparece el yaguareté, el cual se acerca a la ronda con movimientos propios del animal, y se produce el enfrentamiento entre ambos en un encuentro simbólico. Los enmascarados los rodean para presenciar la lucha tenaz, que termina con el yaguareté como vencedor. Al toro vencido lo alzan los mascaritas y se lo llevan. Tras esta representación, se entierra el carnaval, ceremonia que da por finalizada la fiesta.

La lucha entre el toro y el yaguar simboliza la lucha entre lo americano (yaguareté) y lo foráneo (toro) y el triunfo del poblador originario que seguirá luchando por su tierra.

Al termino de la Fiesta Grande, las mascaritas de la comunidad Ava Guaraní se dirigen hacia un río o arroyo cercano acompañados de los músicos para depositar allí sus mascaras y vestiduras. Los participantes se bañan en el río, purificándose. Este rito se realiza en total privacidad ya que los enmascarados no pueden dejar ver sus rostros desde el inicio hasta el final de la festividad.

La música deja de sonar, se destemplan las cajas, y todos juntos retornan en silencio a sus hogares, esperando que transcurra un nuevo año con grandes beneficios personales y comunales por haber cumplido con el ritual sagrado.

Jujeños en San Pedro

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